
La Santa Biblia. Página 1 LA BIBLIA
Indice
Génesis 1 Éxodo 51 Levítico 96 Números 128 Deuteronomio 168 Jueces 231 Ruth 257 Samuel I 260 Samuel II 289 Reyes I 316 Reyes II 346 Primer Libro de las Crónicas 377 Segundo Libro de las Crónicas 404 El Libro de Esdras 435 La Primera misión de Nehemías 445 La Segunda misión de Nehemías 460 Tobías 462 Judit 476 Esther 491 Primer Libro de los Macabeos 498 Segundo Libro de los Macabeos 529 Job 549 Los demás escritos 587 Los escritos Sapienciales 588 Libro de los Salmos 588 Proverbios 811 Eclesiastés 843 Cantar de los cantaresr 866 Sabiduría 882 Eclesiástico 921 Las Colecciones Proféticas 982 Isaías 983 Jeremías 1126 Lamentaciones 1237 Baruc 1248 Ezequiel 1257 Daniel 1308 Oseas 1326 Joel 1350 Amós 1361 Abdías 1380 Jonás 1383 Miqueas 1386 Nahúm 1401 Habacuc 1408 Sofonías 1415 Ageo 1423 Zacarías 1426 Malaquías 1443 Evangelio según San Mateo 1451 Evangelio según San Marcos 1499 Evangelio según San Lucas 1524 Evangelio según San Juan 1567 Hechos de los apóstoles 1622 Primera carta a los Corintios 1674 Carta a los Gálatas 1700 Carta a los Hebreos 1740 Cartas Católicas 1755 Carta de Santiago 1756 Primera Carta de San Pedro 1760 Segunda Carta de San Pedro 1766 Primera Carta de San Juan 1769 Segunda Carta de San Juan 1782 Tercera Carta de San Juan 1783 Carta de San Judas 1784 Apocalipsis 1786
Recomendaciones para la lectura de la biblia:
- La lectura de la biblia debe acompañarse de la oración diaria. La mejor manera de hacerlo es rezando el Santo Rosario. Haga click aqui para descargar un programa que le facilitará rezar el rosario. Al descargar el archivo oracion.exe corra el archivo y descomprima el programa. Asegúrese de ver en qué carpeta lo descomprime ya que debera correr el programa rosario.exe para hacer la oracion del rosario.
- La biblia no se lee en forma desordenada. Puede leer una página al día si quiere, pero léala en orden. No puede saltar de un libro a otro o de un versículo a otro. Así como cualquier libro, se debe leer en orden del principio al fin para poder entenderla bien.
- Le recomendamos que inicie con los evangelios y luego continúe con las cartas de los apóstoles.
GENESIS
GÉNESIS es una palabra griega, que significa "origen". El primer libro de la Biblia lleva ese nombre, porque trata de los orígenes del universo, del hombre y del Pueblo de Dios.
El libro del Génesis se divide en dos grandes partes. La primera es denominada habitualmente "Historia primitiva", porque presenta un amplio panorama de la historia humana, desde la creación del mundo hasta Abraham (caps. 1-11). La segunda narra los orígenes más remotos del pueblo de Israel: es la historia de Abraham, Isaac y Jacob, los grandes antepasados de las tribus hebreas. Al final de esta segunda parte, adquiere particular relieve la figura de José, uno de los hijos de Jacob, ya que gracias a él su padre y sus hermanos pudieron establecerse en Egipto. La historia de los Patriarcas se cierra con el anuncio del retorno de los israelitas a la Tierra prometida, cuyo cumplimiento comienza a relatarse en el libro del Éxodo.
Estas dos partes presentan notables diferencias en cuanto a la forma literaria y al contenido, pero están íntimamente relacionadas. El Génesis se remonta primero a los orígenes del mundo y de la humanidad. Luego, mediante una serie de genealogías cada vez más restringidas, establece una sucesión ininterrumpida entre Adán, el padre de la humanidad pecadora, y Abraham, el padre del Pueblo elegido. Este vínculo genealógico pone bien de relieve que la elección de Abraham no fue un simple hecho al margen de la historia humana. La elección divina no era un privilegio reservado para siempre a una sola persona o a una sola nación. Si Dios manifestó su predilección por Abraham y por la descendencia nacida de él, fue para realizar un designio de salvación que abarca a todos los pueblos de la tierra.
En la redacción final del libro del Génesis, se emplearon elementos de las tradiciones "yahvista", "elohísta" y "sacerdotal". Esta última fuente tiene una importancia especial en el conjunto de la obra, debido a que constituye la base literaria en la que se insertaron las otras tradiciones.
Los primeros capítulos del Génesis ofrecen una dificultad muy particular para el hombre de hoy. En ellos se afirma, por ejemplo, que Dios creó el universo en el transcurso de una semana, que modeló al hombre con barro y que de una de sus costillas formó a la mujer. ¿Cómo conciliar estas afirmaciones con la visión del universo que nos da la ciencia? La dificultad se aclara si tenemos en cuenta que el libro del Génesis no pretende explicar "científicamente" el origen del universo ni la aparición del hombre sobre la tierra. Con las expresiones literarias y los símbolos propios de la época en que fueron escritos, esos textos bíblicos nos invitan a reconocer a Dios como el único Creador y Señor de todas las cosas. Este reconocimiento nos hace ver el mundo, no como el resultado de una ciega fatalidad, sino como el ámbito creado por Dios para realizar en él su Alianza de amor con los hombres. La consumación de esa Alianza serán el "cielo nuevo" y la "tierra nueva" (Is. 65. 17; Apoc. 21. 1) inaugurados por la Resurrección de Cristo, que es el principio de una nueva creación.
LOS ORÍGENES DEL UNIVERSO Y DE LA HUMANIDAD
La fe de Israel en el Dios creador encontró su máxima expresión literaria en el gran poema de la creación, que ahora figura al comienzo de la Biblia. Una verdad se perfila a lo largo de todo este relato: el universo, con todas las maravillas y misterios que encierra, ha sido creado por el único Dios y es la manifestación de su sabiduría, de su amor y su poder. Por eso, cada una de las cosas creadas es "buena" y el conjunto de ellas es "muy bueno". En ese universo, al hombre le corresponde un lugar de privilegio, ya que Dios lo creó "a su imagen" y lo llamó a completar la obra de la creación.
Pero el relato del origen del universo sirve de prólogo a lo que constituye el principal centro de interés de los once primeros capítulos del Génesis, a saber, el drama de la condición humana en el mundo. Los diversos personajes que se van sucediendo –Adán y Eva, Caín y sus descendientes, los pueblos que intentan edificar la torre de Babel– representan arquetípicamente a la humanidad entera que pretende ocupar el puesto de Dios, constituyéndose así en norma última de su propia conducta. Esta pretensión, en lugar de convertir al hombre en dueño de su destino, hizo entrar en el mundo el sufrimiento y la muerte, rompió los lazos fraternales entre los hombres y provocó la dispersión de los pueblos. En el marco de esta historia, Dios va a realizar su designio de salvación.
Para describir este drama, los autores inspirados no recurrieron a formulaciones abstractas. Lo hicieron por medio de una serie de relatos convenientemente ordenados, de hondo contenido simbólico, que llevan la impronta del tiempo y de la cultura en que fueron escritos. Por eso, al leer estos textos, es imprescindible distinguir entre la verdad revelada por Dios, que mantiene su valor y actualidad permanentes, y su expresión literaria concreta, que refleja el fondo cultural común a todos los pueblos del Antiguo Oriente.
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